19 de noviembre de 2009

Bastille, de Isabel Coixet



Mi buen amigo Ángel ha colgado en su blog Siete en Familia este estupendo cortometraje de Isabel Coixet, en el que se ensalza la fidelidad conyugal. Vale la pena verlo. Me he quedado con la frase: "actuando como un hombre enamorado me convertí en un hombre enamorado". ¡Cuán ciertas estas palabras! El verdadero amor está en las obras y no en los sentimientos: quien siempre busca los sentimientos acabará por no encontrarlos. En cambio quien se esfuerza en amar, aunque quizá los sentimientos hayan desaparecido y el corazón está árido, acabará por tenerlos de verdad.

18 de noviembre de 2009

Pecadores públicos


Hacía tiempo que no se sacaba del baúl de los recuerdos esta expresión un tanto equívoca y engañosa. Lo ha hecho la semana pasada ell secretario general y portavoz de la Conferencia episcopal, Juan Antonio Martínez Camino, al advertir a los políticos que apoyen la nueva ley del aborto "que se convertirán en 'pecadores públicos' y, por lo tanto, no podrán comulgar. Y hasta pueden convertirse en herejes y excomulgados, si defienden que es legítimo "quitar la vida a un inocente".


El señor Obispo se ha limitado a recordar a los católicos la existencia del canon 915 del Código de Derecho Canónico, el cual reza así:

"No deben ser admitidos a la sagrada comunión los excomulgados y los que están en entredicho después de la imposición o declaración de la pena, y los que obstinadamente persistan en un manifiesto pecado grave".
¿Qué significa que un político apoye la nueva ley del aborto? El prelado no habla con la precisión jurídica del Código y ha desenterrado un concepto que estaba olvidado en la memoria de los católicos. El pecador público es aquél que "obstinadamente persiste en un manifiesto pecado grave". Esta persona no está excomulgada. Sencillamente se le debe negar la comunión eucarística, pero no porque esté en pecado -eso sólo Dios y su conciencia lo pueden saber- sino porque se obstina de manera manifiesta o pública en realizarlo. No es el pecador el que es rechazado, sino aquel que pretende escandalizar a la Iglesia acercándose a comulgar mientras manifiestamente persiste en una actividad gravemente pecaminosa.

La Iglesia, como Jesús, no rechaza a los pecadores. Es verdad que quien tiene conciencia de pecado mortal no debe acercarse a recibir el sacramento de la Eucaristía, pero también lo es que si lo hace nadie se lo impedirá. Es un problema suyo y de su conciencia. Pero la Iglesia sí abomina de los hipócritas que pretenden seguir gozando de su pública condición de católico al tiempo que mantienen una pública, escandalosa y obstinada apología de un pecado de los que claman al cielo.

Repito que el término no es jurídico ni preciso. Es más, puede ser engañoso y arriesgado. Ya escribí en otra ocasión, refiriéndome a los divorciados vueltos a casar, la tendencia existente a colocarlos en el supuesto de hecho del canon 915. Es cierto que quienes se encuentran en situación matrimonial irregular no deben ser admitidos a la comunión eucarística, pero no porque sean pecadores públicos (ver la razones allí).

Pero, volviendo a los políticos, cabe preguntarse qué significa apoyar la nueva ley del aborto. ¿Acaso el simple hecho de votar esa ley convertirá al político en pecador público? Lógicamente, las autoridades eclesiásticas están en su derecho de establecer las disposiciones que quieran para gobernar la grey. Sin embargo, dudo mucho que esta afirmación sea correcta. Es más, me parece importante que el ejercicio de la función parlamentaria quede protegida de manera que cada uno vote de cara a su conciencia: por eso es una incongruencia sostener que el aborto sea un pecado y votar en favor de una ley que pretende legitimarlo. Pero no me parece bien fiscalizar los votos de los parlamentarios introduciendo este elemento punitivo. Es evidente que en las actuales circunstancias esta ley es ignominiosa y que quien vote a su favor cometerá un pecado grave. Pero me parece exagerado convertirlo en un pecador público.

Sin embargo, con respecto a quien persistente y obstinadamente hace alarde de su condición de católico al tiempo que realiza una apología pública del aborto, en el sentido de convertirlo en un legítimo derecho de la mujer, no me parece nada exagerada la afirmación. Me parece que este supuesto queda dentro de lo que establece el canon 915 CIC.

17 de noviembre de 2009

Los cyberokupas


Había oído hablar de ellos hace un par de meses, pero hasta anteayer no pude comprobar de cerca en qué consiste este fenómeno subwebiano (neologismo apenas inventado para denominar este submundo de la red). Me escribió un amigo diciéndome que varios de los grupos de facebook a los que yo pertenecía habían cambiado de orientación ideológica, que ya no defendían los valores para los que habían sido creados sino otros distintos e incluso contrarios.


Fui a comprobarlo. Era cierto. En esos momentos yo pertenecía a grupos variopintos: Benedicto XVI, un papa lamentable; Sí al derecho a decidir de las mujeres, Doy gracias a Dios por ser gay, etc. Lógicamente me dí de baja de esos grupos sin pestañear. Quizá debería de haber esperado un poco más, porque en ese momento no había caído en la cuenta de que esos espacios o grupos de fb habían sido objeto de la barbarie de los cyberokupas.

Cuentan que en una de las grandes ciudades de Sudáfrica, cuando terminó el apartheid se abrieron los hoteles y restaurantes del centro de la ciudad a todos los públicos. El resultado fue terrible porque fueron -según dicen, vaya usted a saber si es verdad- asaltados por chusmas incontroladas y sus dueños abandonaron los locales que hasta ese momento habían nadado en el lujo y la abundancia. Esta es la imagen que se me ha venido a la memoria cuando pensaba en escribir este post. Los grupos creados por centenares o miles de personas, conseguidos con el esfuerzo y la paciencia de sus administradores, de repente se ven okupados por unos desaprensivos. No se trata de que se apunten a participar en él, siendo personas non gratas, sino de que se pongan ellos al mando del timón y neutralicen absolutamente a sus dueños. Si esto sucediera en un hotel, por poner un ejemplo, en seguida vendría la policía a poner orden. Pero aquí en facebook esta posibilidad no existe. Al parecer, ni siquiera te permiten denunciar el grupo por el motivo real: que ha sido cyberokupado. Supongo que no se tardará mucho en lograr impedir estos actos vandálicos, pero de momento allí están los creadores de estos grupos.

Me imagino que puedan hacer lo mismo con familia en construcción y me echo a temblar. Estos lugares no son sagrados, pero sí que lo es la libertad de expresión. Esto que ha ocurrido es algo parecido a la abominación de la desolación. ¡Blogueros del mundo uníos en defensa de la libertad de expresión, mancillada por los cyberokupas!

16 de noviembre de 2009

Siete en familia: la comunión bloguera

Esta semana quiero dedicar este espacio a un blog muy particular: Siete en familia.


Su autor es Ángel Sánchez y desde el mes de abril de 2009 viene empujando fuerte, como se suele decir "animando el cotarro". ¿Cómo lo hace o cuál es su característica? Pues me parece a mí que su principal característica es la de buscar la unión o comunión de los blogueros que defienden la vida y la familia.

Sus iniciativas han sido sonadas: organizar un rosario de los blogueros todos los sábados con la sencilla idea de que éstos se comprometan a rezarlo en ese día por sus colegas; unir oraciones por los sacerdotes en este año sacerdotal; realizar estupendos vídeos en los que los blogs que defienden la vida y la familia se encuentran reconocidos y valorados, al mismo tiempo que descubren hasta qué punto no estamos solos. Bajo estas líneas encontraréis una hermosa presentación realizada por él el mes pasado.




A pesar de su juventud y como prueba de lo que estoy diciendo, Siete en familia tiene ya 101 seguidores. Todo bloguero sabe lo que cuesta que su lista de seguidores aumente. Ángel sabe unir a todos con un espíritu incombustible, aunque me consta que ha pasado por momentos de desaliento y de dificultad.

Bien mirado, es muy posible que su ejemplo esté detrás de la idea de dedicar una especial atención semanal a un blog que se distinga por "construir" la familia. Siete en familia es el blog de la comunión. Así que a él le dedico el espacio de esta semana.

14 de noviembre de 2009

Anímate a estudiar un master en ciencias para la familia



He recibido este vídeo promocional de un master organizado por el Instituto de Ciencias para la Familia de la Universidad de Navarra, dirigido a todo tipo de profesionales. Y he pensado que es una buena cosa darle mayor divulgación, puesto que más de uno podrá animarse a dedicar un tiempo para formarse y servir a la familia y a la vida con mayor perfección. Los comentarios de los diversos profesionales que intervienen en el vídeo suelen incidir en este aspecto: el master enriquece a todos puesto que abre horizontes nuevos incluso para ejercer mejor la propia profesión.

Una de las ideas clave del Instituto es precisamente que nadie puede considerarse experto en familia: ¿Por qué? Porque es imposible. Cada uno aborda esta realidad humana compleja desde su perspectiva científica: jurídica, antropológica, médica, psicológica, sociológica, etc. Ninguno las domina todas. Por eso se llamó Instituto de Ciencias para la familia, para que cada profesional pueda aportar su propia perspectiva de trabajo siendo de utilidad a los demás.

13 de noviembre de 2009

Aprender a equivocarse


Anancástico es la palabra con la que se designa a la persona que tiene una tendencia tan acentuadamente perfeccionista, que llega a constituir una enfermedad o al menos una notoria anomalía. Podemos afirmar que “una de las virtudes-defecto más cuestionables es el perfeccionismo. Virtud, porque evidentemente, lo es el tender a hacer todas las cosas perfectas. Y es un defecto porque no suele contar con la realidad: que lo perfecto no existe en este mundo, que los fracasos son parte de toda la vida, que todo el que se mueve se equivoca alguna vez. He conocido en mi vida muchos perfeccionistas. Son, desde luego, gente estupenda. Creen en el trabajo bien hecho, se entregan apasionadamente a hacer bien las cosas e incluso llegan a hacer magníficamente la mayor parte de las tareas que emprenden. Pero son también gente un poco neurótica. Viven tensos. Se vuelven cruelmente exigentes con quienes no son como ellos. Y sufren espectacularmente cuando llega la realidad con la rebaja y ven que muchas de sus obras -a pesar de todo su interés- se quedan a mitad de camino. Por eso me parece que una de las primeras cosas que deberían enseñarnos de niños es a equivocarnos. El error, el fallo, es parte inevitable de la condición humana. Hagamos lo que hagamos habrá siempre un coeficiente de error en nuestras obras. No se puede ser sublime a todas horas. El genio más genial pone un borrón y hasta el buen Homero dormita de vez en cuando” (José Luis Martín Descalzo).

Como decía Maxwel Brand, “todo niño debería crecer con la convicción de que no es una tragedia ni una catástrofe cometer un error”. Por eso lo importante no es tanto qué fallos cometemos sino cómo nos reponemos de ellos. Ya que el arte más difícil no es el de no caerse nunca, sino el de saber levantarse y seguir el camino emprendido, como sigue diciendo nuestro autor: “Temo por eso la educación perfeccionista. Los niños educados para arcángeles se pegan luego unos topetazos que les dejan hundidos por largo tiempo. Y un no pequeño porcentaje de amargados de este mundo surge del clan de los educados para la perfección. Los pedagogos dicen que por eso es preferible permitir a un niño que rompa alguna vez un plato y enseñarle luego a recoger los pedazos, porque es mejor un plato roto que un niño roto. Es cierto. No existen hombres que nunca hayan roto un plato. No ha nacido el genio que nunca fracase en algo. Lo que sí existe es gente que sabe sacar fuerzas de sus errores y otra gente que de sus errores sólo saca amargura y pesimismo. Y sería estupendo educar a los jóvenes en la idea de que no hay una vida sin problemas, pero lo que hay en todo hombre es capacidad para superarlos. No vale, realmente, la pena llorar por un plato roto. Se compra otro y ya está. Lo grave es cuando por un afán de perfección imposible se rompe un corazón. Porque de esto no hay repuesto en los mercados”.
Lo más importante en la vida no es hacer lo correcto sino amar, no está la excelencia en la competitividad -ser más que los demás-, sino en dar lo mejor de nosotros mismos. La competitividad es una señal de carencia, el lado oscuro de la vida. No es ganar sino perder, pues todos estamos interconexionados y si competimos lo hacemos, al final, contra nosotros mismos.
Lo bueno es no competir sino compartir: ser una mente creativa, con sueños e ilusiones, solidaridad y perdón. Guardar rencor o culpabilizar a alguien por algo que ha sucedido en el pasado, sólo perjudica a uno mismo. Y cuando no haya ido bien la cosa aprendemos a rectificar y volvemos a empezar. Así al dar lo mejor de ti mismo, los demás en lugar de huirte se verán atraídos hacia ti porque irradias buenos sentimientos, transmites amor, que es participación de un Dios que es amor y que se nos da, especialmente en los sacramentos que, por eso mismo, son también fuente de amor.
Llucià Pou Sabaté

12 de noviembre de 2009

Elige la vida, un blog valiente


Hace poco menos de un año nació el blog Elige la vida. Lo hizo con mucha fuerza y contundencia.


En una entrada del mes de febrero la autora nos dio la clave por la que escogió ese título. En el libro del Deuteronomio, Dios habla claro a su Pueblo:

«Mira: hoy te pongo delante la vida y el bien, la muerte y el mal. Si obedeces los mandatos del Señor, tu Dios, que yo te promulgo hoy, amando al Señor, tu Dios, siguiendo sus caminos, guardando sus preceptos, mandatos y decretos, vivirás y crecerás; el Señor, tu Dios, te bendecirá en la tierra donde vas a entrar para conquistarla. Pero, si tu corazón se aparta y no obedeces, si te dejas arrastrar y te prosternas dando culto a dioses extranjeros, yo te anuncio hoy que morirás sin remedio, que, después de pasar el Jordán y de entrar en la tierra para tomarla en posesión, no vivirás muchos años en ella. Hoy cito como testigos contra vosotros al cielo y a la tierra; te pongo delante vida y muerte, bendición y maldición. Elige la vida, y viviréis tú y tu descendencia, amando al Señor, tu Dios, escuchando su voz, pegándote a él, pues él es tu vida y tus muchos años en la tierra que había prometido dar a tus padres Abrahán, Isaac y Jacob.» (Dt 32, 15-20).
La autora tomó esas palabras -así lo interpreto yo- como dirigidas a ella misma. Y eligió la vida. Durante todos estos meses se ha convertido en una defensora a ultranza de la vida. Ha arremetido contra quienes la atacan y desprecian. Ha denunciado las hipocresías de muchos que con sus obras y con su vida tibia y burguesa desmienten sus buenas palabras e intenciones.

Elige la vida es muchas veces un blog profético. Lo sigo con gusto y con admiración. Su palabra es eficaz, penetrante. Su pensamiento es valiente y no tiene ni respetos humanos ni acepción de personas.

Este es el blog que he elegido para esta semana y que animo a seguir.